sábado, 11 de junio de 2011

Ángel Sangrante


Retorcido, escondes tus sentimientos.
No los enseñas, tonto. Temes que te vean. Ignorante.
Te da miedo salir a la luz de todos, no te muestras. Retorcido.
Ignorante. Amas lo que  no debes amar.

Sucio, retorcido, asqueroso, mentiroso, hipócrita… autodestructivo.
Compasivo, benevolente, permisivo, cobarde…idiota.
Autoengaño. Y Ángel dice:

Desearía poder caminar
Desearía poder sentir
Desearía poder temer

Solo desearías lo que realmente desearías hacer.
Un simple monstruo que baila, y que canta una oración en la penumbra de su corazón. Solo necesitas recordarlo y no olvidarlo, en la penumbra de tu lamentable corazón.

Baila, baila, en la penumbra y lamenta, lamenta porque no puede llorar, porque no puede llorar. Su pulso no le deja escribir, y su corazón no le deja llorar por él. Y tira la primera piedra y entonces… bum, bum, bum, bum

Tonto, corta y hazlo. Rómpelo, destrúyelo. ¿Quién te crees? Tus miradas dan asco, te miran mal. Hazlo y rómpelo idiota. Y Ángel dice:

Desearías poder volar
Desearías poder flotar
Desearías poder desaparecer y evanecerte.

Un monstruo sangrante que baila, en su escenario preferido. Continua su teatro llorando y sangrando porque su corazón no le deja llorar por él. Lamenta y baila. Lamenta bailando en la penumbra del teatro. Y tira la primera piedra y entonces… bum, bum, bum, bum

viernes, 3 de junio de 2011

El monstruo que soñaba mientras se tomaba su tacita de café.




Y el monstruo lo devoró. Él estaba sentado en su gran sofá de terciopelo, junto a su mesita adornada con aquel mantelito de flores. Su gran reloj ya estaba tocando las doce campanadas de la noche: era su hora preferida para tomar café.

La mariposa lo engulló por completo y se dispuso en la ensimismación de su sueño profundo. El espacio estaba ante él y se disponía a recorrerlo feliz, saltando de estrella en estrella. Recorría nebulosas y polvos de mercurio que dejaban las obsesiones. Y de repente…

La mariposa lo engulló por completo y se dispuso a recorrer una gran prado de florecillas rojas. Todo era suave, y al pasar entre ellas le hacían cosquillas en el contorno de su cuerpo. El sol era cálido, y las nubes eran algodones. La brisa cantaba, mientras las flores se estremecían a su paso. Simplemente se quedó contemplando el recuerdo… el sueño… y entonces…

La mariposa lo engulló por completo y se dispuso a navegar por el mar salado. Se sumergió y podía contemplar las reliquias marinas. De su boca salían burbujas que explotaban, y de ellas nacían peces de colores nacarados. Los corales eran rojizos y las algas eran amarillas. El monstruo se sumergía y se sumergía hasta que de un golpe traspasó la pecera y entonces…

La mariposa lo engulló  por completo y se dispuso a recorrer la gran hilera de letras que formaban seguramente una gran línea. El monstruo no sabía leer. Se le olvidó, o lo quiso olvidar. Así que se puso a bailar sobre las letras su vals favorito. Y casi se acordó…

El monstruo se despertó perezosamente en su sillón y miró de nuevo el gran reloj que se encontraba detrás del gran sofá. Su pequeña tacita de café ya estaba fría. Era su pasado. Lo había olvidado todo. La melancolía en el recuerdo, y la felicidad en el olvido.

Acercó la tacita al fuego y la calentó un poco. Se tumbó de nuevo en el sofá y se dispuso de nuevo a que la mariposa lo devorara de nuevo.